No recuerdo ni el año, ni el mes… debió ser Abril…
Eran los tiempos de la prepa, los tiempos de ir al gym… Recuerdo que estaba lloviendo, y me debatía entre salir de mi casa o no para encontrarme con los amigos como era ya costumbre. Eran las 5 de la tarde – de eso sí me acuerdo -, tomé el camión que me llevaría al centro. Las calles estaban inundadas, y eso que se gastan cada año millones de pesos en colocar un drenaje adecuado para la Ciudad.
Llevaba un pants negro, una playera y una chamarra impermeable. Los tenis eran de tela, con la suela blanca y el forro negro. Cargaba una mochilita azul marino, ahí guardaba lo necesario para ducharme después de “hacer ejercicio”… El shampoo, el jabón, el estropajo y el calzón… Ah! Y un par de chanclas, de esas super corrientes, transparentes, que usaba SIEMPRE al meterme a las duchas para no contagiarme de algún hongo.
Llegué al centro… Llovía a cántaros. Estaba refugiado en la Casa de Cultura, pensé:
“Voy a esperar unos minutos, mientras se calma la lluvia, me quito los tenis para que no se mojen y pueda hacer ejercicio y me pongo las chanclas y listo!”
Me dirigí al baño, las calcetas y tenis los guardé en la maleta, me puse las chanclas, me subí el pants abajito de las rodillas para que no se mojara y me salí.
Llovía leve, las calles – en efecto - estaban mojadas, pero no era nada drástico… Podía caminar sin problemas 3 calles para llegar al gym – El Iluso!!!
A prisa caminé, pero al llegar a la primera esquina, el río de agua sucia corría como desesperado… Parecían rápidos o algo así… Ni un segundo tardó, planté el pie derecho bajo la acera y la pendeja corriente se llevó mi chancla…
Una viejecita, muy preocupada por lo que había visto, me dijo tapándose la boca con la mano y con una expresión de asombro:
“Ay joven… ya se le fue su chancla…!”
(GRACIAS POR EL DATO PENDEJAAAAA! YA NOTÉ QUE SE FUE MI CHANCLA)
Ahí parado en la esquina, como idiota, mojado y sin una chancla, del coraje, agarré la otra y la aventé sobre el maldito charco corriente – “Pinche chancla pendeja!” – grité – “Me lleva la chingadaaaa!”
Y así, caminé descalzo, con la lluvia que apretó en un segundo también, hacia el bendito gimnasio… Pisé ramitas, piedritas, seguramente caquita… ¡Qué horror! Y yo que me metía a la ducha con las pinches chanclas para no contagiarme de nada… Puta, seguro después de esa caminata, me amputarían las patas…
En el lobby del gym, casi nunca había nadie… Para mi desgracia y vergüenza, era día de pago y estaba TOOODA la gente ahí… Entré encabronado como nunca, empapado… Volví la mirada hacia el frente y ahí estaban todos, cagados de risa por verme así… Descalzo, mojado, con el pants hasta las rodillas, pero eso sí: Mis tenis bien sequecitos en la mochila!!!
Me metí en chinga a la ducha… Quería enjuagar mi pena, pero más mi pendejada… ¿A quién en su sano jucio se le ocurre hacer semejante atrocidad de tirar la única chancla buena que le quedaba? ¿No pudo ser mejor irme “de cojito”? Si de por sí no tenía ganas de hacer ni madres de ejercicio ¿No pudo ser mejor dejarme los tenis y llegar a platicar al gym como siempre? O mejor aún ¿Me podría haber quedado en mi casa viendo La Mentira que estaba taaaan buena?
Moraleja: Pa qué tanto cuidar los tenis para hacer ejercicio, si puedes A) Hacerte la lipo y quedar como quieres o B) Engordar mórbidamente como H.J.Simpson y no salir de tu casa jamás!
… La chancla que tiro… La dejo ir y tiro la otra también chingaaaa!
(TAJSHV-EEADMV)
VirgoSuperstar