Hace tiempo que me he sentido viejo… No tengo el cabello gris, sólo una que otra cana en el pecho; mi cara no tiene arrugas, solamente presenta a la que me gusta llamar “arruga de la preocupación”-la cual se ha hecho más visible últimamente- y tampoco padezco de alguna enfermedad que me impida realizar mis actividades diarias (gracias a Dios), pero no sé a qué se debe esta sensación de vejez… Casi todo a mi alrededor me lo restriega en la cara.
Ayer, fue una de las pruebas de esto.
Fue el cumpleaños de uno de mis mejores amigos, de los más antiguos; decidió que fueramos a festejar a un antro (como en los viejos tiempos). Como ya es costumbre no sabíamos a cuál ir. Y digo que ya es costumbre, pues al momento de decidirlo siempre nos viene a la mente “Pues quién sabe cuál se pondrá bien estos días, hace mucho que no salimos… ya ni los conocemos“.
Recuerdo vívidamente aquellos tiempos cuando el salir a divertirnos en la noche, los fines de semana, era casi un mandamiento, hasta teníamos la semana planeada conforme al lugar que visitaríamos o la fiesta a la que asistiríamos -extraño el Lunes De San Petesburgo…-. La agenda estaba llena, era dificil quedarse un fin de semana por la noche en casa – a mi no me veían ni el polvo -. Era curioso cómo se nos juntaban los compromisos y debíamos decidir cuidadosamente a cuál asistir primero, pues todos cabían en el plan.
Si llegabamos a un antro, al momento en que el mesero nos proporcionaba la carta, siempre buscabamos lo más barato - Bacardi – y nos conformabamos con los cinco míseros refrescos de cola que nos daban y lo demás de la botella (o botellas) nos lo teníamos que tomar con aguita de hielo y limones. Sabía a madres, pero ya en ambiente, todo el alcohol sabe igual.
También solíamos encontrarnos a mucha gente, muchos conocidos (al típico “amigo del amigo“) que a su vez nos presentaban a más gente. Muchos interesantes, muchos pedantes, muchos ebrios, muchos que no volví a ver. Solíamos dar varias vueltas al lugar, para “checar el ganado” y , aunque regularmente regresabamos a la mesa con nuestros mismos honores – al menos yo no era nada “ligador” – , era muy divertido pretender ser popular y conocido.
El desmadre se armaba en grande, pues teníamos que juntar hasta 3 mesas para que todos estuvieramos juntos; eran los tiempos en que pocos contaban con auto, así que nos montábamos como sardinas enlatadas o nos metíamos a la cajuela. Eramos muchos en verdad. Incluso, había quienes no siendo tan agraciados físicamente, algunas ocasiones tuvieron que esperar horas afuera del lugar para poder entrar, rogando al Señor - al de la cadena – que dirigiera su mirada piadosa hacia nosotros y pudieramos entrar con facilidad. Una vez hecho esto, teníamos la sensación de poder al máximo, podías voltear hacia atrás y ver a todos los demás miserables que se habían quedado fuera (inlcuso bajo la lluvia) esperando a que la divinidad los acogiera.
Mucho tiempo ha pasado desde aquellos días de exceso etílico, de aquel tiempo en el que debías ponerte tus mejores galas para salir el fin de semana, de aquellas horas que parecían no bastar para bailar, reír y cantar. Ese tiempo, anoche creo que terminó.
Anoche, sólo cuatro llegamos a la cita. El puntual fui yo, esperé como es costumbre casi 45 minutos a que llegaran por mi. No llevé auto. Me sentí tan dieziochoañero…
Pregunté si alguien más llegaría, contestaron que no. Sólo éramos cuatro, de los muchos que antes nos reuníamos sin falta (antes hubiera sido un sacrilegio faltar al cumple de unos de tus brothers, anoche pareció una cancelación sin mayor complicación) y después de decidir a qué lugar asistir – pues honestamente, repito, ya no conocemos la escena – llegamos a la puerta del antro nuevo de moda. Quizás nos vieron muy guapos o más bien nos vieron muy adultos ya, pero no tuvimos que rogar para entrar. Quizás se nos ve ya el porte, quizás se nota que ya no necesitamos identificaciones falsas o tener un billete en la mano para un buen soborno y que nos dejen pasar, quizás fue la impresión de llevar autos último modelo y pagar el valet, y ya no ser los que llegan en taxi… Los años se notan.
Llegamos muy temprano, como buenos rucos. El lugar estaba completamente vacío, nos acomodaron junto a la barra rápidamente, el gerente saludó a mi amigo (el cumpleañero) y le dijo que si necesitaba algo que le mandara una alerta y enseguida resolvería la situación. Nos dieron la carta, de inmediato se dirigieron las miradas a la seccíon de Whiskies o Vodkas – ahora que-ya-tenemos-trabajo-y-mucho-mucho-mucho-dinero podemos pagar lo que sea…- Un Etiqueta Roja fue la eleccíon, igualmente una cajetilla de cigarros light. Anteriormente, ni soñar en comprar unos cigarros en el antro, incluso mejor llevabas sueltos. Ahora, nada importó.
La música siempre ha sido esencial para mi en un antro, pues en verdad soy de los pocos que va a bailar toda la noche. Ayer, me decepcionó no escuchar lo que tanto me prendía, me hizo sentir viejo que las pocas canciones que en verdad me gustan, las pusieron al final de la velada (las típicas que en mis épocas eran las ochenteras y eran las de “ya vámonos”) y sólo los contemporáneos, que claramente no tenemos ya una hora de llegada a casa y podemos seguir bebiendo más botellas – ah, porque pedimos otra… con muchos refrescos, hasta sobraron… qué cosa tan extraña, hasta me dió miedo -.
La música terminó, prendieron la luz, sólo quedabamos algunos en el club: Los muchachitos muy ebrios que estaban llorando seguramente por un amor mal correspondido, los muy viejos que llevan a su esposa de antro queriendo sentirse aún unos chicuelos y nosotros… Los que casi nos acercamos a los 30, los que antes nos prendíamos con el sólo hecho de entrar a una discoteca, los que bailaban y bailaban, los que hicieron alguna que otra estupidez estando ebrios, los que si se nos pasaban las copas nuestros amigos nos auxiliaban llevándonos a vomitar al baño, estábamos ahí los que ya no encajamos en un lugar diseñado para gente extremadamente joven y atrevida, los que nos vemos casa cumpleaños o navidad, los que en alguna vez hicimos época en un antro y no pensabamos que este momento iba a llegar.
La vida me ha cambiado mucho en estos años, miro hacia atrás y recuerdo con cariño todo lo que pasé. Para mi, hoy una prueba superada, para mi hoy esta extraña sesnación de vejez significa mucho más, significa en realidad que he crecido y madurado. El tiempo compartido con tanta gente que no volví a ver, es un tesoro cuyo valor estimativo solamente lo luzco para ilustrar quien soy yo ahora.
No extraño del todo “mi buena época”, pues quiero creer que esta es mejor, pues tengo mucha más calma que antes. Finalmente mi búsqueda terminó. Ahora sólo me resta crear e incitar nuevos ambientes planeados para dos. Pues ayer, aunqe solo no estuve, me falto la mitad… MI MITAD! Quien hoy me completa en todo sentido y con quien una vez más me hubiera encantado compartir la velada, que aunque desencantada, fue reveladora. Una vez más te extrañe tanto que no me pude concentrar, una vez más perdí la oportunidad de que me vieras en lo que alguna vez fue mi elemento y hoy no lo es más. Deseaba que estuvieras ahí, para no tener que recomedarme el portarme bien y que lo hubieses podido ver con tus propios ojos. Habría sido magnífica tu presencia ahí amor, pues he tratado de probar ya por mucho tiempo que he crecido, que estoy mejor, que si algo cambió solamente fue para bien.
TASP!
EEADMV!
S1GPG!
One Comment
Los momentos vividos se atesoran, esas ganas, eso que una vez formó parte de tí es algo que no todos tenemos o tuvimos la oportunidad de explorar, ya sea por miedo, prudencia, interés o porque quizás hay cosas a las cuales no todos podemos acceder, sin embargo un buen recuerdo de dondequiera que se haya formado siempre alimenta el espíritu y nos hace ser quienes somos ahora.
Si bien con cicatrices o bien con cúmulos de inmensas alegrías, el pasado nos ha forjado y ahora en el presente nuestra vida comienza a tomar un camino diferente, el tiempo llega en que debemos elegir como en las fiestas hacia donde ir pues todo cabe en el plan. Me alegra que el sentirte fuera un poco de ese mundo no provoque mas que un emotivo relato, pues pesar en verdad sentiría si las cosas fuesen como cierta discusión bajo la lluvia mientras esperabamos el bus y hablabamos sobre antros, amigos y fiestas.
TE AMO, y creo en tí eso nadie va a cambiarlo, no necesito mas pruebas porque te tengo confianza, esa que da el amor ciego y sin reparos, el amor completo, el amor tan inmenso como el que te profeso, Bienvenido a una relación adulta (como en friends) . . .
TE AMO JAVILLO;
ERES EL PANDA DE MI VIDA