La vida es dificil, y no es queja; está tan llena de obstáculos – grandes, de esos que parecen insuperables – que me han dado ganas de tomar un respiro … Como en campo fresco, como frente a un cielo azul claro y sin nubes, como en medio de un paisaje de calma que hace mucho no he podido contemplar.
Cambios, tumbos, desencuentros y enseñanzas, de eso han estado hechos mis últimos meses – si no años – y también de una gran depresión, que si bien no se nota o no la notas, existe aquí en mi corazón… No es una queja, es una realidad, mi realidad.
He luchado, en la vida mucho, en esta más; desde que puedo recordar he sido un hombre de lucha, de análisis y de conflictos para llegar no a ser quien alguien quiera, no a ser quien se supone deba ser según una sociedad, sino simplemente a SER. Hoy me encuentro en este punto, a mis casi 29 años, luchando nuevamente y un poco cansado – más no dado por vencido – por ser un HOMBRE en toda la extensión de la palabra.
Esta “segunda adolescencia” me duele más que la primera, esa que viví sin tanto tumbo, con lágrimas y desengaños, buscando el amor, buscando un lugar donde pertenecer sin problema… Hoy puedo decir que tengo más de lo que pude alguna vez pedir, pero no es precisamente todo lo que en verdad soñé. Por eso me duele más, porque luchando he tenido lo que tengo y lo que soy ha sido conseguido por desgracia o fortuna con mucho sacrificio, pero me pregunto ¿En verdad qué es lo que tengo? ¿Vale la pena? ¿Vale mantenerlo?
Salí de casa por escapar, no puedo mentir; salí de ahí porque quería vivir bajo mis propios términos; quise salir una noche en la que todo se complicó, y aunque juré que no saldría de ahí bajo esos términos – los de un pleito espantoso y muy doloroso, realista – así sucedió… Después del golpe más grande que me pudo dar mi propia carne, después de todos los insultos – suyos y míos, verdades quizás – me armé de valor y salí para no regresar más que de visita.
No me negué a su ayuda, no soy tan soberbio, pero algo simplemente se rompió, un vínculo, una relación y un corazón. Seguí mi vida, noches solo, noches frías, noches de suspiros interminables por desear que se recuperara lo que habían roto, pero no sucedió.
Llegó el momento en que necesité que mi roca, mi relación amorosa, creciera hacia el siguiente nivel, pero a veces no se está en el mismo canal… Y una propuesta que imaginé la más especial de mi vida, también se convirtió en una amarga espera, sin chispa, con más lágrimas que risas, con mas pleitos que armonía, con más de lo menos. Sucedió, con un amargo sabor al principio, con la duda de saber o no si su decisión fue sentida o fue obligada, pero sucedió.
Vivimos juntos desde Octubre, con su luna más bella, creando nuestros propios términos, creando nuestro hogar.
Llegó un momento crucial, la falta de dinero se hizo presente, la falta de rumbo profesional no tocó a la puerta pues ya estaba muy incómoda en medio de nosotros en la cama. No pudimos más, no pudimos pagar ni una renta, y para los que no saben, Puebla es un lugar donde es mucho más difícil conseguir un trabajo decente y de buena paga, más para un Comunicólogo. Así que llegó el momento de una nueva elección, de decidir si quedarnos y separar caminos por tiempo indefinido, o emigrar juntos a donde supuestamente hay mejores opciones laborales.
Intentamos ir cerca, al Distrito Federal, pero no había lugar para dos. Los amigos se hicieron sólo conocidos, y entiendo sus razones, pero no entendieron – o no preguntaron o empatizaron – las mías, las nuestras. Así que el favor llegó de aquel lugar donde ya habíamos estado y que no nos había gustado para nada: Cancún, la tierra del “dinero”, la tierra del “si hay trabajo pero sólo en un hotel”, la tierra del “ya conozco, no me gustó, pero no hay de otra”.
Llegamos a Cancún con nuestros “ahorritos” que eran muy pocos, llegamos a dormir en la sala de una amiga, en su casa de una recámara, en su casa que también es de su novio. Llegamos y hasta el clima nos guiñó el ojo, nos hizo sentir no como la primera vez, nos hizo sentir bienvenidos y “en casa”. El trabajo, en efecto, se consiguió rápido, y para nuestra sorpresa, no en un hotel – bueno… – no creíamos tan buena suerte. Los primeros días fueron buenos, me hicieron sentir útil, profesional y en camino a esa plenitud que necesitaba tanto; pero fue de esas veces que el encanto duró dos días… Jefa nefasta, incompetente, mediocre, que llegó a un buen puesto por algún favor quizás y que seguía ahí con ayuda de brujos (esa fue una verdad que no se inmutó en compartir en una de esas comidas olorosas en la oficina)… El miedo no anda en burro, dicen; y desde el principio algo hice que no le gustó y fue poniéndome los más ridículos obstáculos para orillarme a renunciar, lo cual no hice, pero me corrió… Incluso, yo hice la cita para llenar mi puesto, qué vil. Todavía la muy puta, me dijo el día en que “amablemente” me dio las gracias, que habría una feria de empleo del gobierno (ya saben como son, buenísimas) la cual también ayudé a organizar para promover mi lugar de trabajo, y que si quería, ella misma me ayudaba a conseguir un nuevo empleo… Obviamente, no acepté.
Busqué nuevamente trabajo, sin desanimarme, sin preocuparme, y lo conseguí… Sabía muy bien que sólo sería algo temporal, pues no era precisamente mi pasión, pero necesitaba dinero para comer y pagar renta con sus respectivos gastos. Lo tomé, amablemente me aceptaron de inmediato. Pero fue en esos días, en los que una idea muy buena surgió, donde un sueño antiguo regresó a mi mente con una gran pasión: Cocinar. No soy un chef con título, pero sí con estudios y sobretodo con un don, así que no me pareció descabellada la idea de montar un pequeño restaurant. Ambos, Sergio y yo, decidimos dejar trabajos y aventurarnos a ese nuevo proyecto; entramos con todas las ganas y nos pusimos a trabajar. Las críticas fueron muy buenas, fuimos aprendiendo conforme los días a cocinar mejor, a ahorrar, a aprovechar, a servir… Nos hicimos mejores, creo… Pero la suerte una vez más no sonrió económicamente, las ventas fueron muy pocas, a penas para mantenernos… Mi salud se vio afectada severamente, el clima no me guiñó mas el ojo y me dio la espalda… Un granito más al costal…
Muy a nuestro pesar, con deudas grandes, con algunas ilusiones rotas y los nervios como agujas literalmente, el pequeño restaurant tuvo que esperar… Sé bien que en algún momento de la vida, el chef que llevo dentro, saldrá y será grandioso, ya lo es… Pero este no era el momento, lo acepto. Los negocios son riesgosos, a veces ganas, a veces pierdes. Gané experiencia.
El amor se siente frágil, pues el corazón lo está; se siente quebrada la confianza y no sé si algún día la podremos recuperar. Años han pasado y dificultades a diferencias básicas no hemos podido sortear. Hoy no sé. Ni mañana. Pero confío en la felicidad, en tener todo y tenerlo bien. Sí se puede, claro que sí.
Quizás me habrás visto o leído fatídico, y sí, es mi estado. Es dramático, es doloroso, es incómodo también para mi. Quizás te preguntes qué fue lo que pasó, por qué no lo intentó, por que se regresó… Puedes tener todos los porqués y probablemente no tengan sentido… Pero si hubieras preguntado antes un sincero “¿cómo estás?” e inquirido un poco más, sabrías lo que pasa y esto no sería una sorpresa. Hubo personas que cruelmente juzgaron una situación que no conocen, que se atrevieron a burlarse de esta situación, de mi supuesta “eterna infelicidad”; incrédulos, tal vez nunca han vivido y sufrido por no tener ni para un litro de agua, yo si y es una verdad.
Quizás si no hubiera guardado silencio y tragádome mi entera situación por prudencia o falta de confianza, tampoco esto sería sorpresivo… Si lo es, es hora de que no lo sea… Si tienes algo que preguntar, pregunta. Si hay algo que reclamar, reclama. Si hay una palabra de confort, seguro valdrá más hoy que ayer… Si no hay nada, está bien, de por si no espero nada, creo que es mejor llevarse sorpresas…
Esto es lo que pasa, esto es lo que es.
TASP!
Posted by serchito on July 7, 2010 at 11:36 pm
TE AMO… esto es lo que es …